
La superioridad moral de la izquierda.
Qué descanso debe de dar meter una papeleta en una urna y salir santificado. Yo he votado a la izquierda y a la derecha y siempre he vuelto a casa siendo la misma pájara. Igual me iba demasiado pronto y la superioridad la repartían después, con las mesas ya recogidas.
Pero en qué eres mejor persona que alguien que no vota como tú? Qué haces para serlo, aparte de decirlo? Querer que los demás vivan mejor? Conozco a gente de ambos lados que quiere eso y discrepa sobre cómo conseguirlo. Podemos discutir las medidas, sus efectos y lo que cuestan. Lo que no veo es cómo has pasado de defender un programa a considerarte mejor que el de enfrente.
Con los impuestos pasa algo de eso. Puedes defender que bajen y pagar hasta el último céntimo. Puedes defender que suban y preguntar cuánto sale sin factura. Todos conocemos a unos cuantos del look at my beautiful heart, LAMBH para abreviar, que sufren por los hospitales, las escuelas, los pobres, los ancianos, y luego arreglan lo suyo en negro. Tienen un corazón que no les cabe en el pecho, pero al bolsillo no les llega. A lo mejor tanto corazón les aplasta la parte del cerebro que calcula el IVA. Defender la solidaridad queda bien, pero poner tu parte ya exige levantarse a por la cartera.
Yo voy digiriendo como puedo la posibilidad de tener que votar a la ultraderecha para impedir que un tío que me parece un peligroso capullo gobierne mi país, y no pago absolutamente nada en negro. Debo de estar llevando mal lo de convertirme en monstruo, porque sigo financiando hospitales. Me gustaría saber qué me falta para alcanzar la decencia de alguno de estos LAMBH. Pagar, ya pago. Igual tengo que contarlo llorando.
Lo de amar al prójimo también me interesa porque algunos de estos LAMBH, a mí, me odian con ardor. Me lo dicen a menudo, que yo estaba tan tranquila dentro de la humanidad, creyendo que era una más, y resulta que no. Ese paso del amor universal al odio particular me tiene muy fascinada. Cómo puedes querer a ocho mil millones de personas y atascarte conmigo, que soy pequeña y discreta. Será porque me da por reírme cuando discrepo? Se habían puesto solemnes diciendo algo que debía hacerme ver lo buenos que eran, y me estoy descojonando tanto que casi me caigo de la silla. Algunos me sacarían por el pelo. Y sin sentirse mal. Siempre encuentran la manera de que una se merezca lo que están deseando hacerle.
Creo que ahí está el lío. Hay quien lleva tanto tiempo sintiéndose de los buenos que ha dejado de mirar cómo se porta. Si te trata mal, algo habrás hecho. Así puede llamarte hija de puta y acostarse convencido de que ha defendido la decencia.
Y en política habrá que mirar también lo que consigues. Querer ayudar no demuestra que sepas hacerlo. Puedes tener unas intenciones preciosas y organizar una mierda que tengamos que pagar entre todos. Habrá que poder preguntar por la mierda sin que vuelvas a enseñarnos el corazón. Ya lo hemos visto. Ahora estamos con las cuentas, no seas moñas. Si una medida hace daño, habrá que corregirla, aunque se te ocurriera llorando por los más pobres. Que la cursilería no te impida ver los hechos.
Por eso los falsos malos suelen caerme bien. Los gamberros, los que pinchan, los que se saben la mala leche y te hacen reír porque quitarte un rato malo de encima también es un servicio humanitario. Alguno será un cabrón de verdad, tampoco llevo un detector detrás de la oreja. Hablo de esos que tienen una boca que da miedo porque dicen realmente lo que piensan y luego se portan bien sin testigos. Esos, esos son los que me gustan.
El falso bueno te puede hacer una putada y quedarse esperando que admires sus motivos. Hasta tendrás que consolarlo por lo mal que le ha sentado que te quejes. Y todavía se cree mejor que tú. Yo a esos se los dejo a los que se gustan mucho, que se junten y se lo digan entre ellos, que a mí me da la risa y luego se les acaba el amor y les hace gracia si me pasa algo malo. A ver si su única superioridad va a ser lo superiores que se creen.